dijous, 14 de juny de 2012

La casa en ruinas, el país en el que habito

Yo vivo en una casa, que fue re-construida por una cooperativa libre, a lo largo de los años han pasado diversos co-propietario_jefes, que se han ido encargado del mantenimiento, reformas, etc., con más o menos acierto...
La casa no es mía, disfruto de usufructo y puedo votar al nuevo co-propietario_jefe, pero no es mía, y si mis vecinos, o yo misma, nos equivocamos en el voto, hemos de sufrir todos las consecuencias.


Un día nos tocó un co-propietario_jefe, que no se sabe bien si era por bajito, porque el anterior les dejó la casa a punto de caramelo, o bien por su egocentrismo, quiso hacer algo “historiable” (si dura más, pone letra al himno y nos cambia hasta el apellido!), y decidió utilizar el bienestar del momento para ampliar la casa plan faraónico, taló arboles, jodió playas, ensució ríos..., sin conocimiento, y se salió con la suya, la casa era enorme.
Las expectativas de negocio también, nos colonizaron empresas y se crearon otras para vivir a costa de la ampliación; la gente venía de otras casas vecinas y de más allá de los mares..., la gente se fue haciendo fuerte y empezó a reivindicar su parte en el pastel, sus representantes fueron consiguiendo lo nunca visto, sin darse cuenta que algunos logros eran consecuencia del momento y difíciles de sostener si venían mal dadas.  Con lo cual, las empresas que nos colonizaron, nos abandonaron en busca de mano de obra barata y sin derechos.  Con lo cual, seguir ampliando dejó de ser tan rentable. 


Algunos seguimos viviendo como antes, tranquilitos y sin desmanes, otros se creyeron a los usureros (encargados de la economía de la comunidad), quienes les dijeron que su parte de usufructo de la casa valía suficiente para retirarse, que podían vivir a lo grande, sin pararse a pensar que sin casa tendrían que vivir bajo un puente (les recuerdo que no quedaron arboles).


Mi casa, a su vez, pertenece a una comunidad media de varias casas, esta llevaba tiempo avisando que no se podía destruir la naturaleza indiscriminadamente, que no se podía abandonar el campo y seguir recibiendo ayudas por trigo donde habían campos de golf, que nuestro crecimiento económico no era firme, solo números en un papel, que la ampliación era de barro en lugar de reglamentario hormigón...
Pero ni caso, al co-propietario_jefe y su corte de descerebrados, familia y afines, les iba bien, muy bien.


La comunidad media, a su vez, pertenece a otra aún mayor, no siempre bien avenida, con intereses interrelacionados.  Los genios de los usureros, con nuestro dinero, se metieron donde no debían, en lugar de dejarlo en casita.  El co-propietario_jefe también intimó con la gran comunidad, que en lugar de darle la barrila ampliaban arrasando como él, no en adobe pero si en cartón piedra a precio de pan de oro.
Muchos nos temíamos lo peor, pero la gente parecía tan feliz... en ese “matrix” donde tanto gastas tanto vales...


Hasta que una desgracia nos bamboleó, una desgracia provocada directamente por las ansias de grandeza de nuestro co-propietario_jefe, metiéndose donde nadie le llamaba, y para eludir su responsabilidad, nos mintieron con lo que más duele, nuestros muertos.


La mayoría de los vecinos decidimos cambiar de co-propietario_jefe.




Todas las obras faraónicas tienen un final... Un día cayó una gran tormenta, así como el diluvio universal, no es que nos pillara desprevenidos, se veía venir, pero entre que nuestro co-propietario_jefe reaccionó tarde, la población se había hecho tan tan grande que no cabía en un Arca de Noé, y que la ampliación se había realizado sin cimentación ni sostenibilidad, mi casa se derrumbó...
Mis vecinos se quejaban que la culpa era del co-propietario_jefe.  La culpa de ¿la ampliación indiscriminada en adobe que ya hacía aguas cuando él llegó?, ¿o de la tormenta que la arrasó?


Por alguna extraña razón había gente interesada en comprar la casa, pese a ser público y notorio su estado ruinoso, e inexplicablemente mis vecinos se creyeron sus mentiras, como si fuese posible, no ya volver a reconstruir la ampliación, ni siquiera salvar la casa en su estado original.


Y ahora estamos peor, mucho peor, al menos el anterior co-propietario_jefe no nos cortó la luz, el “nuevo”, no solo donde dijo digo ha dicho diego, si no que pretende que los secuaces que propiciaron este desastre y chuparon del bote, continúen en sus estatus, mientras a los vecinos nos deja sin suministros, a pan y agua.
Ahora mis vecinos siguen quejándose, pero siguen diciendo que la culpa es del anterior...


Y el nuevo co-propietario_jefe también se queja, dice “no he sido yo, me lo dejaron así”... Qué morro, qué no la hubiese comprado! que YA SABÍA QUE ESTABA EN RUINAS Y POR ESO LE SALIÓ A PRECIO DE SALDO!, si no...


Y luego están los chinos (económicamente hablando, no es nada personal), en la casa que habito, en la comunidad media, en la gran comunidad... pero esa es otra historia...

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